jueves, 26 de mayo de 2011

¡NUEVA YORK CON NIÑOS! (II), CUESTIONES PRÁCTICAS


El vuelo.
A muchos, a mi la primera, os asustará el tema del avión… y es que reconozco que hay que ser valiente para “meterse” 8 horas de vuelo con dos canijos. Los nervios previos no hay quien te los quite, peeeero, para vuestra tranquilidad os diré que los niños con algo de entretenimiento se suelen portar fenomenal…. Y el resto del tiempo lo pasan durmiendo.
Eso si, se acabaron los tiempos de comprar el Vogue, el Hola y el Elle en el aeropuerto “para entretenerme”, porque ni los abriréis. Más consejos aquí.

El "trago" de pasar por inmigración.
Seguro que habéis leído, escuchado y visto miles de veces aquello de que si no les gustas te meten a un cuartito, y allí, como no hay libertades civiles ni nada (y encima eres latino y para colmo sólo chapurreas en un “spanglis” malísimo), vete tu a saber lo que te hacen… Bueno, pues no es para tanto, y la realidad es que suele ser un trámite, sin más, para la mayoría, y los que terminan en el famoso “cuartito” cuentan que tampoco es para tanto.
Lo malo es que las colas que se montan si son de película de terror, así que mi consejo es que inocentemente preguntéis a alguno de los que están por allí organizando si no hay alguna cola para familias… si vuestro inglés no es muy bueno, simplemente poneos bien visibles con los peques, porque suelen ser muy, muy atentos con las familias y mi corta experiencia me dice que en cuanto os vean con los niños os sacarán de la fila y os colarán.
Una vez frente al “poli” de inmigración, un par de preguntas como el motivo del viaje (decimos “jolideis” a coro), foto, huellas dactilares (a los niños ni foto ni huellas), sello en el pasaporte y a correr (y la ilu que hace lo del sello en el pasaporte no tiene precio).
Recogemos las maletas y pasamos por la aduana, donde puede que nos abran la maleta: si hay potitos para el peque, ninguna pega; si hay jamón de bellota, lo confiscarán, eso sí.
Los traslados.
Si sois unos psicóticos de la seguridad en el coche, como una servidora mismamente, os parecerá impensable subir a los niños a un coche que no disponga de la correspondiente sillita de seguridad.
En Nueva York contratamos el traslado con  Legends Car & Limousine Service, y la experiencia fue bastante buena. El chofer estaba esperando en el aeropuerto, y las sillas estaban perfectamente colocadas en el coche. Eso si, el precio es unas tres o cuatro veces más caro que el clásico taxi amarillo.
El temido “jet-lag”
Lo bueno de viajar con los niños es que llegaréis tan cansados, que ni jet-lag, ni nada, dormiréis 40 horas seguidas… bueno, más bien en condicional, dormiríais. Es decir, dormiríais si no viajaseis con vuestros retoños.  Y aquí es donde entra lo malo de viajar con niños, y es que, aunque tu hayas llegado cansado, el primer día te despertarán a las 4:30 de la mañana…
Lo bueno, otra vez, es que en un par de días se habrán adaptado al nuevo horario sin problemas (como hizo nuestro hijo pequeño). Lo malo es que puede que tu hijo sea igualito a mi hijo mayor y se pase todas las vacaciones despertándose-despertándoos a las 5:30. Ante esto, lo mejor es turnarse, cada mañana se levanta uno y el otro descansa, y adelantar un poco la hora de acostarse.
No os asustéis. Yo estoy segura de que con un poco más de organización también se hubiera adaptado en un par de días, pero en nuestro caso, no nos interesaba demasiado puesto que a la vuelta hubiera tocado el proceso contrario y dado que teníamos que volver al cole, preferimos dejar así el tema. Si viajáis fuera de fechas escolares-laborales, puede ser buena idea empezar a retrasar la hora de acostarse y levantarse una o dos semanas antes del viaje.
Consejos, mantenerles despiertos y entretenidos lo más posible para intentar sincronizar su horario con el horario real de allí (6 horas menos) y asegurarse de que las persianas y cortinas quedan bien cerradas puesto que amanece muy temprano y es fácil que al ver la luz se desvelen.  Eso y paciencia.
Desplazarse por la ciudad
Pues a pesar de la psicosis de las sillitas de coche que os mencionaba antes, en NY lo más fácil con niños es moverse en taxi. Si, ya se que contradice mis más arraigadas creencias, y que se opone a cualquier tipo de prudencia (y los que hayáis subido a un taxi allí sabéis a que me refiero)… pero en Nueva York nunca paras de andar y andar y andar, y es una ciudad para eso, para “pateársela” enterita, pero  cargando con dos peques, la sillita, la mochila, la cámara de fotos, el agua, los pañales, las toallitas, y los miles de "por-si-acaso" que se van acumulando cuando sales con niños… un taxi en un momento dado puede ser tu mejor aliado, y es que los hay a montones y por dos duros (o dólares) llegas en un momentín a cualquier sitio, sin preocuparte de muchedumbres o escaleras de metro.
No es una buena recomendación, por eso no lo recomiendo, pero es lo que nosotros hemos hecho tanto en este viaje como en el anterior, movernos combinando muchos pies con algún taxi.
Desayunar, comer, cenar.
En este aspecto, Nueva York es absolutamente ideal para viajar con niños. Obviamente no hemos conocido todos los restaurantes de Manhattan, pero en todos los que hemos entrado disponían de tronas, lápices de colores y menú de niños, que suele consistir en un plato único (bastante generoso), con acompañamiento, por unos 5 ó 6 dólares.
Además tanto en los delis, como en muchos puestos callejeros podéis encontrar zumos, batidos y fruta fresca (además de otras cosas menos saludables como perritos, bagels, muffins, helados, kebaps, y un sinfín de comida “ultrarápida”).
En los Duane Reade o Wallgreen (hay uno en cada esquina) podéis encontrar desde yogures, fruta o leche, hasta pañales, potitos o toallitas. Eso si, si vuestro hijo come potitos, tened en cuenta que allí son muy diferentes a lo que estamos acostumbrados y generalmente sólo tienen un ingrediente y son más pequeños. Si el niño es algo especial, puede ser buena idea llevarlos de aquí.
Alojamiento
En Nueva York hay hoteles para todos los gustos, colores y presupuestos. Hay que tener en cuenta que la ciudad es muy grande, por lo que mi consejo, especialmente viajando con niños, es que merece la pena invertir un poco más y buscar un hotel relativamente céntrico, que facilite la tarea de ir-venir diaria.
Otra cuestión a tener en cuenta es que los “estándares” de calidad a los que estamos acostumbrados en los hoteles españoles, no son los mismos allí… es decir, que a igual calidad, allí nos saldrá bastante más caro o lo que es lo mismo, a igual precio allí encontraremos hoteles bastante peores.
Nosotros, las dos veces, nos hemos alojado en el Aka Times Square, algo caro, pero por situación y por servicios, muy recomendable para viajar con niños, puesto que se trata de apartamentos perfectamente equipados, cocina incluida. Mis niños son bastante agradecidos cuando comen fuera, así que la cocina no la hemos utilizado, pero puede resultar de lo más socorrida para preparar algo de urgencia, y además la nevera (enooorme) es muy práctica para guardar yogures, leche, fruta, quesitos y esas cosas que picotean los niños entre horas y cervecitas, refrescos, helados y esas cosas que picoteamos los mayores cuando los niños están ya en la cama y estamos de vacaciones.
Otras cuestiones prácticas.
-En cada vez más restaurantes hay cambiadores para niños, por lo que esto no suele ser un problema. En algunos museos existen incluso aseos familiares.
-Verificar siempre horarios de lo que vayáis a visitar cada día, teniendo en cuenta que a veces varían según la temporada.
-En algunas “atracciones”, como el Empire State o la Estatua de la Libertad, las colas pueden ser de infarto. Con los niños hay que tenerlo en cuenta (aunque es posible que os permitan saltaros la cola al ir con los niños)
-Una mochila portabebés, al margen de que en general seas o no un amante del porteo, suele ser utilísima para este tipo de viajes. Si viajas con dos, salvo que dispongas de silla gemelar, se convierte en un imprescindible. Eso si, hay que informarse bien antes de comprar para que sea cómoda para bebé y adulto.
-Conviene tener más o menos claro lo que queremos ver, pero con niños es inútil pretender llevar rutas perfectamente organizadas: toca adaptarse.  
-No olvidar llevar un seguro de viaje. La sanidad allí es muy cara, por lo que es importante un buen seguro, especialmente si viajamos con niños. Revisad antes vuestros seguros de hogar, que a veces tienen coberturas de este tipo y recordad que muchos seguros de salud incluyen urgencias en el extranjero.
Espero que esta información os sea de alguna utilidad, aunque recomiendo siempre contrastar las cuestiones que sean importantes para vosotros, porque puede haber algún error  y porque las cosas pueden -y suelen- cambiar con el tiempo.
Ahora que lo tenemos todo atado sólo queda disfrutar del viaje.

NUEVA YORK ¿¿¿CON NIÑOS???...... SI, ¡NUEVA YORK CON NIÑOS! (I)


Pues sí, Nueva York con niños también es posible. En nuestro caso los peques tienen 3 años (casi 4) y 15 meses, y puedo asegurar que han disfrutado tanto como nosotros del viaje. Para el mayor era su segunda “incursión” en tierras estadounidenses, puesto que con sólo un añito se estrenó en Nueva York y en Miami…. Obviamente no recuerda nada de aquel viaje, pero ver las fotografías ha sido estupendo para prepararle para lo que iba a ver. Y la ilusión que ha mantenido respecto al viaje ha sido increíble. Ahora la ilusión ha cambiado por ¿y cuándo volvemos a Nueva York?
Muchos seguro que ya conocéis la city, y la mayoría seguro que jamás os aventuraríais a viajar allí con niños, pero hay un millón de cosas que entusiasmarán a los más mayorcitos y para los peques, siempre es divertido pasear entre el bullicio de las calles, y los muchos (¡y perfectos!) parques en los que hacer una paradita técnica les encantarán.

Una de las cosas “imprescindibles”, es cruzar el puente de Brooklyn a pie; disfrutar, si podéis, de un brunch familiar con vistas en Bubby´s Brooklyn y continuar por Fulton Park, que hará las delicias de los peques, mientras los mayores se maravillan con las vistas de Manhattan y agotan la cámara de fotos. Para volver a Manhattan podéis tomar un water taxi hasta South Street Seaport, un agradable puerto para seguir disfrutando del Brooklyn Bridge. Los escasos 10 minutos de viaje en barco encantarán a los pequeños.

Imprescindible subir al Empire State, donde alucinarán con las vistas -¿y quién no?-, y,para mi, imprescindible también subir al Top of the Rock, mejor si está anocheciendo. Aquí, desde el ascensor ultrarápido hasta las luces del vestíbulo de la última planta les dejarán boquiabiertos, casi tanto como a los papás las vistas del Empire iluminado.

A los más mayorcitos seguro que les encantará el American Museum of Natural History, con sus dinosaurios. Nuestro “casi-cuatro-añitos” no se lo hubiera perdido por nada del mundo, y por supuesto, no le decepcionó en absoluto.
¿Y qué más? Pues depende de los días y de vuestros gustos, pero para “pequeños”,  millones de alternativas.
Tenemos Central Park, que da para mucho y donde incluso podemos improvisar un picnic o visitar el Zoo. Es ideal para combinarlo con algún museo de la zona, porque aunque hay mucho que ver -¡y andar!- también hay espacios para tirarse al césped, quitarse los zapatos y descansar mientras las fieras, que nunca se cansan, corren y saltan.
Bryant Park, ideal tras un paseo para visitar Grand Central Terminal y la Public Library, y más ideal todavía si os habéis aventurado a caminar hasta la ONU.
Madison Square Park, tras ver el famosísimo Flatiron, o hacer unas compritas en Macys o disfrutar de las que dicen son las mejores hamburguesas de Nueva York en Shake Shack. Si vais en verano, no os olvidéis de bañador y calzado de goma para que los peques puedan disfrutar de la zona de agua.
La High Line, que para los peques quizá no sea más que un parque donde correr, pero que para los adultos es un oasis con las mejores vistas de Chelsea (de momento, pronto veremos nuevos barrios porque está en pleno proceso de ampliación). Tampoco es mala idea pasar antes por el pequeño pero perfectamente restaurado Chelsea Market, y quizá hasta improvisar una merienda a base de originales Cupcakes con forma del monstruo de las galletas o de Spiderman, o de preciosas cookies con forma de “yellow-cab”.
Y además de los millones de parques, no puede faltar una visita a Times Square, a su inmenso Toys´r´us con noria incluida (ojo, porque no querrán marcharse nunca) y a la curiosa tienda M&Ms  (yo hubiera preferido Sephora, pero….)  y tras el baño de multitudes, y para rematar el momento “freak”, comer o cenar en Bubba Gump.

Si queremos fomentar el espíritu consumista de los niños, aquí no nos faltarán ocasiones, y hay que llevarles a FAO Schwarz, Disney Store y Lego Store, y de paso alucinar nosotros con los escaparates de las muchas tiendas de la Fifth Avenue (¡¡¡mamá, mira, hay bolsos que salen de huevos!!!).
Hay muchas más cosas que hacer, algunas dependiendo de la edad de los niños y de vuestras preferencias y las suyas: ver algún musical Disney, cruzar a Roosevelt Island en funicular, pasar un día diferente en el decadente Coney Island, maravillarse con una misa Gospel, ver un partido en el Yankee Stadium o en el Madison Square Garden, visitar el espectacular Bronx Zoo, fomentar nuestra vena artística en el Met, el MoMA o el Guggenheim, subir a la corona de Miss Liberty y visitar Ellis Island, perderse en el Village o en la pintoresca Chinatown, imaginar Little Italy cuando no era tan, tan little, ir de compras al SoHo, pero también al mítico Bloomingdales,….
Y seguro que me dejo muchas más, aunque hay una en especial que, por organización y por tiempo, nos ha quedado pendiente esta vez, pero la próxima no se nos escapará, el Brunch Jazz del Smoke Jazz & Super Club, que los sábados es “apto” para niños, y que me parece un plan perfecto para disfrutar de un poco de buena música en familia. Para el Club de Jazz de verdad, con copita y todo, habrá que esperar unos años más, pero a falta de pan...